Hola, caminante de luz. Mi nombre es Montse V.
Te doy la bienvenida a este espacio sagrado.

He estado escribiendo para mí unos decretos... un pequeño recorrido por el cuerpo, una caricia para el alma y una medicina hablada para cada célula de mi cuerpo.

Están escritos desde la gratitud más profunda hacia este templo terrenal que me sostiene día a día.

Y he querido compartirlos contigo.


He organizado este recorrido en cinco grupos:

  • Mi cuerpo, mi raíz y mi movimiento
  • La alquimia de mi cuerpo
  • Mis sentidos, mi voz y mi expresión
  • Mi mente y mi universo interior
  • Mi esencia, mi energía y mis sueños

Cada entrega es una invitación a honrar las distintas partes de nuestro cuerpo desde una mirada diferente.
Si estos decretos o descripciones resuenan en tu interior, te invito a hacerlos tuyos también.

Léelos con calma, siéntelo en el pecho, recítalos en voz alta o en el silencio de tu ser. Detente en aquellos que despierten algo en ti. Tu cuerpo es un disco emocional que graba tus sensaciones, impresiones y lo que vocalices con tu voz.

Quizás los interpretes espiritualmente o simplemente como una visualización. Tal vez los recites como una oración o, sencillamente, disfrutes de su lenguaje.

Si una imagen te ayuda a contemplar tu cuerpo con más cariño, si una frase te invita a cuestionar una vieja creencia o si descubres una manera distinta de relacionarte contigo, ya habrá cumplido su propósito.

Puedes cambiar las palabras, adaptarlas a tu manera de sentir o crear tus propias versiones.
Toma lo que resuene contigo, transforma lo que necesites y deja que cada destello encuentre su propio significado.

1- Mi cuerpo, mi raíz y mi movimiento
El cuerpo como sostén, movimiento, arraigo y expresión.

Mi columna, es fuerte, firme y erguida pero también es flexible, vibrante e imperturbable.., nada la doblega, nada la aplasta, es libre..., es la columna de Dios en mí. Mi columna es sagrada, es como el eje de oro de una estructura noble, viva, vibrante que nada puede quebrantar. 

Cada vértebra es como una letra en el alfabeto de mi vida. Cada disco es una pausa llena de intención. Cada segmento se integra en una arquitectura sostenida por la sabiduría divina.

En su infinita sabiduría me enseña a unir la firmeza de mi verdad con la flexibilidad ante los cambios de la vida. Me enseña que soy el puente entre el espíritu y la materia. Y me enseña a confiar en mi soberanía.
Mis huesos, las columnas sagradas de roca y cristal que sostienen con firmeza el templo de mi alma. Son la estructura perfecta y ancestral de mi existencia, fuertes, densos y a la vez llenos de luz, diseñados para darme estabilidad, equilibrio y sostén en mi caminar por la Tierra. 

En su interior más profundo, custodian el secreto de la vida y el origen de mi sangre vital. Son la raíz profunda de mi fortaleza, alineados con la geometría divina, permitiéndome erguirme con dignidad, seguridad y absoluta confianza ante la vida.
Mis costillas, las bóvedas sagradas de mi templo, los arcos perfectos de roca y luz que custodian los tesoros más profundos de mi existencia. Como una armadura  celestial tallada por la geometría divina, abrazan con ternura y firmeza el santuario de mi corazón y el espacio infinito de mis pulmones. 

Son la estructura noble que resguarda mi centro vital, fuertes para protegerme ante las tormentas del mundo, pero infinitamente móviles, elásticas y vivas para danzar al ritmo de mi propio ser. Nada las oprime, nada limita su movimiento; se expanden con libertad y flexibilidad, recordándome que siempre hay espacio para respirar, crecer y vivir plenamente
Mis rodillas, los puentes sagrados de mi avance, los engranajes de luz que transforman la firmeza de mi estructura en la gracia del movimiento. Son las guardianas de mi flexibilidad, permitiéndome dar cada paso con dirección, propósito y confianza. En ellas se funden la fuerza que me impulsa hacia mis metas y la elasticidad que me permite adaptarme a los relieves del camino.

Me enseñan la nobleza de saberme flexionar ante los cambios de la vida, recordándome que la verdadera fuerza no radica en la rigidez que se rompe, sino en la resiliencia que se adapta. 

Mis rodillas honran mi caminar por la Tierra; se erguirán con orgullo cuando sea momento de avanzar y se doblarán con reverencia y gratitud ante la belleza de la existencia. Son el sostén flexible de mi movimiento, permitiéndome caminar con paso firme, seguro y libre, en armonía con mi propio destino.

Mis manos y mis pies, los instrumentos sagrados de mi creación y mi caminar en esta Tierra.

Mis manos son extensiones de mi corazón, hilos de luz capaces de crear, transformar, sanar, bendecir, dar y recibir la abundancia del universo; con ellas moldeo mi realidad con amor, gracia y delicadeza.

Mis pies
son las raíces móviles de mi templo, guardianes de mis pasos, firmes, seguros y serenos, que me conectan con la sabiduría de la Madre Tierra.

Juntos,
mis manos y mis pies convierten mis sueños en movimiento y materia, permitiéndome crear, manifestar y avanzar con confianza hacia el propósito de mi alma.

Mi cadera, el gran cáliz de mi templo, tallada en geometría divina, donde reside la fuerza de mi origen y el flujo de mi poder creativo. Es el centro oscilante de mi danza, el eje noble que me permite avanzar con gracia, adaptarme al ritmo de la existencia y sostener el peso de mis sueños con absoluta soberanía. 

En su firmeza descansa la estabilidad de mi andar, y en su apertura se despliega la sabiduría de saber recibir y soltar con total libertad. Nada limita su movimiento, nada detiene su danza; es el cauce de una energía vital, flexible, expansiva y radiante, que me recuerda que estoy viva.

SI ERES MUJER
Mi suelo pélvico,  la red sagrada, el telar vivo y consciente que custodia el portal de la creación y sostiene los misterios de mi ser. Es una cuna de músculos y luz, diseñada por la sabiduría divina para resguardar mi centro de gravedad y mi energía más pura. Fuerte en su contención y elástico en su entrega, me enseña el equilibrio perfecto entre el sostén y la liberación. 

Es la raíz viva que me conecta con la Madre Tierra, el cimiento invisible que late al compás de mi respiración, recordándome que soy digna, segura y merecedora de habitar mi propio espacio. 
Juntos, mi cadera y mi suelo pélvico son el santuario de mi fuerza vital, el motor que impulsa mi caminar con dignidad, confianza y el gozo pleno de existir.

SI ERES HOMBRE
Mi suelo pélvico, la red sagrada, el telar vivo y consciente que custodia el portal de mi potencia y sostiene los misterios de mi ser. Es una cuna de músculos y luz, diseñada por la sabiduría divina para resguardar mi centro de gravedad y mi energía primordial. Fuerte en su contención y elástico en su entrega, me enseña el equilibrio perfecto entre el sostén y la liberación. 

Es la raíz viva que me conecta con la Madre Tierra, el cimiento invisible que late al compás de mi respiración, recordándome que soy digno, seguro y merecedor de habitar mi propio espacio. Juntos, mi cadera y mi suelo pélvico son el santuario de mi fuerza vital, el motor que impulsa mi caminar con dignidad, confianza y el gozo pleno de existir.

Mi útero, el gran crisol de la creación y el cáliz sagrado de mi poder divino. Es un espacio de vacío fértil, sabiduría ancestral y magia pura, donde residen mis infinitas posibilidades de dar vida, manifestar sueños y gestar mi propia realidad. 

En él, la energía se renueva y fluye en perfecta sintonía con los ciclos de la Luna y los ritmos de la Madre Tierra. Es un santuario de amor, intuición y poder creador, que irradia vida, paz y vitalidad a todo mi templo, recordándome mi sagrada capacidad de florecer.

Mi sacro y mi coxis el trono oculto de mi templo, la quilla sagrada y el cimiento místico donde se funden mi eje de oro y mi raíz terrestre. 

Mi sacro, mi hueso sagrado, es un triángulo de geometría perfecta, una cuña de poder divino engarzada en el centro de mi pelvis para sostener mi eje y dar firmeza a la soberanía de mi andar. Es el altar donde descansa mi columna y el gran distribuidor de mi fuerza vital. Nada lo desalinea, nada lo desestabiliza; es una roca de seguridad, el núcleo donde se concentra mi poder latente y la certeza de saber quién soy

Mi coxis, la antena sutil de mi arraigo, el último destello de mi columna que apunta con sabiduría hacia el corazón de la Madre Tierra. Es el punto de anclaje de mi suelo pélvico, donde mi red viva de músculos encuentra su soporte y su descanso. Pequeño pero poderoso, es el guardián de mi equilibrio y el vínculo con mi energía más primaria.

Juntos, el sacro y el coxis custodian el fuego de mi kundalini, el origen de mi instinto y la memoria ancestral de mi linaje. Son la base de mi estructura, permitiéndome sentarme en mi propio trono con dignidad, asimilar los cambios con gracia y sostener mi vibración en sagrada comunión con el universo.

Mi cuerpo es mi casa, mi raíz y mi vehículo para recorrer la vida.

En él encuentro el sostén que me permite erguirme, la flexibilidad que me ayuda a adaptarme y la fuerza que impulsa cada uno de mis movimientos.

Honro mis raíces, celebro mi capacidad de avanzar y agradezco este maravilloso templo que me permite experimentar, crear y dejar mi huella en la Tierra.

Estoy aquí. Estoy viva. Y cada paso es una forma de celebrar la existencia.

En breve compartiré contigo 
  • La alquimia de mi cuerpo: La vida que circula, transforma, nutre, protege y renueva.



Escrito por Montse V.
Curadora de formaciones digitales.
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus habilidades con total confianza y a tu propio ritmo