¡Hola, alma bella! Qué alegría tenerte por aquí hoy.
A veces nos enredamos en discusiones de pareja que parecen no tener fin, ¿verdad? Entramos en batallas para ver quién tiene la razón y terminamos agotados, sintiendo que no nos entendemos. Pero, ¿y si te dijera que el problema no es lo que hacemos, sino el lugar desde donde lo hacemos?
Hoy quiero compartir contigo un vídeo muy especial que ha grabado mi hijo Héctor, psicoterapeuta transpersonal. En él nos habla, de una forma súper clara, tierna y profunda, sobre un tema muy interesante: las energías masculina y femenina que todos llevamos dentro.
En esta primera parte, Héctor se enfoca en la energía masculina dentro de la pareja (¡y ojo, que esto no va de hombres o mujeres, sino de la esencia que habita en cada uno de nosotros!).
Vas a descubrir una metáfora preciosa: imagínate que la energía femenina es el agua de un río, llena de emoción y vida; y la energía masculina es el cauce que la abraza y la sostiene. Cuando el cauce es fuerte, seguro y amoroso, el agua puede fluir en total libertad sin miedo a desbordarse.
En este vídeo vas a encontrar claves hermosas para:
Entender por qué nos polarizamos o chocamos cuando estamos a la defensiva.
Descubrir cómo es una masculinidad sana: esa que te dice "te cuido, pero no te controlo; estoy aquí para sostenerte y darte un refugio seguro".
Aprender de dónde vienen los bloqueos (a veces por heridas con nuestros padres o por juzgar la fuerza como algo malo) y cómo empezar a sanarlos desde el perdón.
Te invito a servirte una taza de algo rico, ponerte cómoda o cómodo y darle al play. Es un bálsamo para el corazón y una guía maravillosa para mirar nuestras relaciones con muchísima más compasión y claridad.
Amar sin perderte: equilibra tu energía femenina en pareja (Parte 2)
Si has visto el primer vídeo sobre la energía masculina y cómo nos sirve de "cauce" seguro en nuestras relaciones, en esta segunda parte Héctor nos lleva a sumergimos de lleno en la otra cara de la moneda: la energía femenina.
A veces, por miedo a que nos hagan daño, a que nos abandonen o a no sentirnos valoradas, caemos sin querer en dinámicas que nos desgastan. Nos guardamos lo que sentimos, esperamos que nuestra pareja nos adivine el pensamiento o nos volcamos tanto en cuidar a los demás que nos dejamos en el último lugar de la fila. ¿Te suena?
Eso es lo que Héctor llama la "feminidad herida", un lugar que nace del miedo y de antiguas cicatrices (muchas veces ligadas a la historia con nuestras madres y abuelas).
Pero la magia ocurre cuando aprendemos a activar la feminidad sana y coherente. Esa parte maravillosa de ti que es capaz de abrirse al amor, de empatizar y de mostrarse vulnerable, pero con una máxima preciosa: "Me entrego a ti, pero no me pierdo. Me abro al amor, pero no me abandono".
En esta segunda parte vas a descubrir:
Cómo dejar de exigir que el otro "adivine" lo que necesitas y aprender a pedir ayuda desde el corazón.
La importancia de dejarte cuidar y aprender a recibir (¡un gran reto para muchas de nosotras!).
Cómo transformar los reproches en una comunicación valiente que une a la pareja en lugar de distanciarla.
Y algo bellísimo: cómo se expresa esta energía femenina sana en un hombre, permitiéndose ser tierno, sensible y expresar sus emociones con total libertad y fortaleza.
Te invito a buscar tu rincón favorito de la casa, respirar hondo y escuchar con el corazón abierto esta charla. Es un mapa precioso para aprender a amar desde la libertad, la reciprocidad y, sobre todo, el respeto a una misma.
A veces nos enredamos en discusiones de pareja que parecen no tener fin, ¿verdad? Entramos en batallas para ver quién tiene la razón y terminamos agotados, sintiendo que no nos entendemos. Pero, ¿y si te dijera que el problema no es lo que hacemos, sino el lugar desde donde lo hacemos?
Hoy quiero compartir contigo un vídeo muy especial que ha grabado mi hijo Héctor, psicoterapeuta transpersonal. En él nos habla, de una forma súper clara, tierna y profunda, sobre un tema muy interesante: las energías masculina y femenina que todos llevamos dentro.
En esta primera parte, Héctor se enfoca en la energía masculina dentro de la pareja (¡y ojo, que esto no va de hombres o mujeres, sino de la esencia que habita en cada uno de nosotros!).
Vas a descubrir una metáfora preciosa: imagínate que la energía femenina es el agua de un río, llena de emoción y vida; y la energía masculina es el cauce que la abraza y la sostiene. Cuando el cauce es fuerte, seguro y amoroso, el agua puede fluir en total libertad sin miedo a desbordarse.
En este vídeo vas a encontrar claves hermosas para:
Entender por qué nos polarizamos o chocamos cuando estamos a la defensiva.
Descubrir cómo es una masculinidad sana: esa que te dice "te cuido, pero no te controlo; estoy aquí para sostenerte y darte un refugio seguro".
Aprender de dónde vienen los bloqueos (a veces por heridas con nuestros padres o por juzgar la fuerza como algo malo) y cómo empezar a sanarlos desde el perdón.
Te invito a servirte una taza de algo rico, ponerte cómoda o cómodo y darle al play. Es un bálsamo para el corazón y una guía maravillosa para mirar nuestras relaciones con muchísima más compasión y claridad.
A veces, por miedo a que nos hagan daño, a que nos abandonen o a no sentirnos valoradas, caemos sin querer en dinámicas que nos desgastan. Nos guardamos lo que sentimos, esperamos que nuestra pareja nos adivine el pensamiento o nos volcamos tanto en cuidar a los demás que nos dejamos en el último lugar de la fila. ¿Te suena?
Eso es lo que Héctor llama la "feminidad herida", un lugar que nace del miedo y de antiguas cicatrices (muchas veces ligadas a la historia con nuestras madres y abuelas).
Pero la magia ocurre cuando aprendemos a activar la feminidad sana y coherente. Esa parte maravillosa de ti que es capaz de abrirse al amor, de empatizar y de mostrarse vulnerable, pero con una máxima preciosa: "Me entrego a ti, pero no me pierdo. Me abro al amor, pero no me abandono".
En esta segunda parte vas a descubrir:
Cómo dejar de exigir que el otro "adivine" lo que necesitas y aprender a pedir ayuda desde el corazón.
La importancia de dejarte cuidar y aprender a recibir (¡un gran reto para muchas de nosotras!).
Cómo transformar los reproches en una comunicación valiente que une a la pareja en lugar de distanciarla.
Y algo bellísimo: cómo se expresa esta energía femenina sana en un hombre, permitiéndose ser tierno, sensible y expresar sus emociones con total libertad y fortaleza.
Te invito a buscar tu rincón favorito de la casa, respirar hondo y escuchar con el corazón abierto esta charla. Es un mapa precioso para aprender a amar desde la libertad, la reciprocidad y, sobre todo, el respeto a una misma.
Llegamos a la tercera y última parte de este viaje tan revelador junto al psicoterapeuta transpersonal Héctor Ibáñez. Si en los vídeos anteriores comprendimos qué son estas energías, hoy nos sumergimos de lleno en la práctica: el mapa de ruta.
¿Cómo se vive la transformación real cuando decidimos equilibrar nuestra presencia, estructura y dirección (masculinas) con nuestra vulnerabilidad, escucha y fluir (femeninas)?
Héctor nos guía a través de 10 etapas evolutivas que transforman un conflicto en una oportunidad sagrada de unión.
Aquí tienes el mapa de este maravilloso baile:
Toma de conciencia: El punto de partida. Tener la voluntad genuina de ver que puedo mejorar, escuchar más o tomar decisiones diferentes. Como bien dice Héctor: “Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro” (ya sea un libro, un podcast o un bache en el camino).
Aquí tienes el mapa de este maravilloso baile:
Toma de conciencia: El punto de partida. Tener la voluntad genuina de ver que puedo mejorar, escuchar más o tomar decisiones diferentes. Como bien dice Héctor: “Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro” (ya sea un libro, un podcast o un bache en el camino).
Nombrar los patrones (sin juzgar): Detectar esas dinámicas inconscientes (como el juego de "el perseguidor y el perseguido"). Lo sabio aquí es observar estas polaridades en mí, no usarlas para criticar al otro. Si veo a mi pareja descompensada, me muevo yo internamente para sostenerla con amor, no para juzgarla.
Cambios en el sistema nervioso: La gran clave. Cuando nos alteramos o entramos en estrés, el inconsciente saca "antivirus caducados" del pasado para protegernos, repitiendo viejos dolores. Si notas que la mente se pone rígida o las emociones se desbordan, es momento de parar, respirar y calmar el sistema antes de dañar la comunicación.
Las heridas personales: Aquí es donde el amor puro actúa como medicina. Al comprender que la reacción del otro no es un ataque hacia mí, sino el eco de una herida de su infancia, dejamos de defendernos y creamos un espacio seguro para sanar en equipo.
Estructura y límites: Aportados por la masculinidad sana. No es un contrato rígido, sino una red de seguridad firme pero flexible (como el bambú) que sostiene el proyecto (valores, convivencia, acuerdos). Si una estructura se rompe con amor, es porque la relación ha crecido y necesita una forma nueva.
Seguridad, confianza y fe: Tres niveles hermosos. La seguridad es elegir al otro cada día con pequeños detalles que ahuyentan sus dudas; la confianza es saltar el fuego esperando no quemarse; y la fe es hablarle directamente al alma de tu pareja, sabiendo con el corazón que todo está bien, respetando su ritmo y su contexto.
Vulnerabilidad consciente: La magia de la energía femenina profunda. Abrirte de par en par, compartir tus anhelos o tus miedos más hondos, no para que te salven, sino para permitir que te vean. Es entregar tus espacios más sagrados sabiendo que estás en un lugar seguro.
Dirección: La masculinidad que aterriza los sueños con los pies en la tierra. Como planificar un viaje: sabes hacia dónde vas y qué necesitas, pero te mantienes flexible. Sin una dirección clara (un proyecto común, metas compartidas) el compromiso se diluye en el aire.
Rituales y espacios conjuntos: Los anclajes diarios que mantienen viva la llama frente al caos del mundo. Desde un abrazo de cinco minutos al despertar, agradecer tres cosas antes de dormir, hasta apoyarse mutuamente en los proyectos de emprendimiento y metas individuales de cada uno.
La fusión (Yin y Yang): La meta espiritual. Aquí las etiquetas desaparecen y solo importa qué necesitas y cómo puedo aliviarte. Los conflictos ya no distancian, se vuelven portales para conocerse más. Héctor lo define de una forma bellísima: “El amor de pareja es el regocijo por la existencia del otro”.
Este cierre nos recuerda que el equilibrio exterior es solo el reflejo del trabajo personal que hacemos dentro. ¡Dale al play y disfruta de este maravilloso final de trilogía en la voz de Héctor!

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