A veces pensamos que la depresión o esa apatía en la que no te apetece ni moverte es solo tristeza pura. Pero lo que nos recuerda este vídeo de Héctor que te comparto más abajo, va mucho más profundo: muchas veces, lo que hay ahí guardado es rabia. 

Rabia por situaciones que te duelen, que te indignan o que te superan, pero que no te has permitido sacar porque nos han enseñado que enfadarse no está bien.

¿Y qué pasa cuando no dejas salir la rabia de forma sana?
Que se da la vuelta y se dispara hacia dentro. 
Nos anestesiamos, nos etiquetamos como "tristes" o "sin rumbo" y sentimos que no tenemos ningún control sobre nuestra propia vida.

Decir la verdad de lo que sentimos —sin paños calientes ni juicios— no es ponerse a romper platos, es recuperar la voz. Es dejar de mirar hacia afuera buscando culpas o excusas y darte cuenta de que, aunque la situación sea dura, tú sí tienes la capacidad de elegir cómo la vas a transitar. 

Cuando dejas de tragarte la tormenta, empieza a entrar aire limpio.


¡Oído consciente! y Atención plena en 1 minuto



En cuanto te atreves a decirte la verdad a ti mismo — "mira, esto me da rabia y no me da la gana pasar por aquí"—, el cuerpo respira, la anestesia se pasa y la energía vuelve de golpe para tomar decisiones.

Aquí hay una decisión clara que tomar. 
O seguir haciéndote daño o dejas de comerte por dentro, mandas el papel de víctima a tomar viento y vuelves a coger el timón de tu vida. 😉


Escrito por Montse V.
Curadora de formaciones digitales.
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus habilidades con total confianza y a tu propio ritmo.